viernes, 15 de agosto de 2008

El sueño que nunca podré cumplir.

Mi familia nunca fue futbolera. Mi viejo, aunque quienes lo conocen no lo creerán, es un fanático y ex jugador del rugby.
Mi hermano mayor, desde que tengo memoria, jugaba al handball y el fútbol le interesaba como a cualquier mortal, pero no era fanático.
Mi hermano del medio, era takwondista, y el fútbol le chupaba un huevo (y lo sigue haciendo) salvo una fugaz etapa, creo cuando él tenía 16 años, en la cual llegó a jugar tres partidos en el Parque San Martín junto a sus compañeros, ocasión para la cual se compró zapatillas abotinadas.
Sin embargo, me acuerdo de que siempre me gustó el fútbol. Influenciado tal vez por un vecino de frente de casa, Juampi.
El primer partido del que tengo conciencia, es uno que vi con mi hermano mayor en la casa, un fin de semana a la noche. No recuerdo bien quienes jugaban, pero creo que era por allá del año '93 entre Argentinos Juniors y Lanús. La primera vez que fui a la cancha, fue un partido del nacional B entre Gimnasia de Jujuy y Arsenal; fui a la popular norte, y recuerdo que allí aprendí a putear enserio.
En 1994, me acuerdo que estaba jugando al fútbol con mi hermano del medio en el patio de casa, cuando mi papá nos comentó que Gimnasia había ascendido. Yo no tenía idea que quería decir eso. En esa misma época, con el descenso de Estudiantes, mi hermano mayor se rapó entero. Tampoco lo podía entender.
Recuerdo que los domingos, el fútbol para mí era a la mañana, porque en ese horario jugaba Estudiantes en el nacional y mi hermano veía los partidos. Recuerdo también haber viajado a Buenos Aires en colectivo, con una revista Sólo Goles en el que en la tapa hablaba del 3-0 de River a Boca en la Bombonera, y me decía que el tipo de la tapa era jujeño.
Me acuerdo de la primera vez que lloré. Fue un 3-2 de Rumania sobre Argentina en el mundial del '94 lo que significaba nuestra eliminación. Recuerdo que ese día almorzamos en la casa de mi abuela y a la tarde vimos el partido en nuestra casa de Palpalá; esa fue la primera de muchas decepciones mundiales.
Ya de chico jugaba a que mi casa era un estadio; los libustrines eran las tribunas con la hinchada, el duraznero era uno de los arcos y las sillas de jardín siempre hacía el los otros arcos, y yo corría sólo en el patio de casa, o sino en el garage, donde el portón hacía las veces de arco.
Siempre quise ser futbolista. Era el sueño de mi vida. A los 6 años empecé a jugar en la escuela de Toto Rivero (creo, no me acuerdo bien) que era la escuelita de fútbol de Zapla.
Cuando a los 8 años me fui a vivir a Jujuy, jugué durante esa mitad de año (de julio a diciembre del '96) en la escuela de fútbol de la Municipalidad. Los primeros entrenamientos era un líbero o un lateral con poca gambeta y mucho quite, y más patada. Un partido no fue el arquero y me ofrecí para ir a quedar. Y me gustó el arco y empecé a entrenarme para ser arquero.
En febrero de 1997, más precisamente el 25 de febrero, día en que cumplía 9 años me fui a probar a las inferiores de Gimnasia de Jujuy. Y no sé cómo, pero quedé. A partir de allí, hasta finales del año 2001 jugé en las inferiores, con buenos resultados. Y mi sueño iba tomando forma.
Recuerdo, por ejemplo, que fui la valla menos vencida durante el año 1999. O por ejemplo, que en definiciones por penales en los cuales atajé varios tiros, salimos campeones en un torneo en Salta, ganandole la final a Unión de Sunchales, o en Chile, donde también por penales le ganamos a la U de Chile. Tuve muchos partidos muy buenos y realmente me entusiasmaba por la idea de que algún día podía llegar a jugar en primera. También tuve partidos muy malos. Recuerdo uno que perdimos porque no pude sacar un centro al segundo palo que se metió al ángulo. Y con ese partido me empecé a dar cuenta de que se me iba a ser todo muy difícil, no porque fuera malo, sino porque era (y sigo siendo) petiso.
No recuerdo los motivos por los cuales dejé de entrenar. Seguramente habrá sido que mis horarios no me dejaban entrenar con tranquilidad, porque durante el 2001 los horarios de inglés coincidían con los de fútbol, por lo cual tenía que irme siempre antes del entrenamiento, cosa que tenía como resultado que casi siempre iba al banco. Y eso para un arquero es jodido. Creo que si hubiera seguido, tal vez dos o tres años más hubiese podido jugar.
Los que me conocen saben que soy un enfermo del fútbol. Jugé desde los 6 hasta los 14 en forma seria. Sin embargo, viendo hacia atrás, me duele el haber dejado, quién sabe, tal vez hubiera llegado. Y ese el sueño que nunca voy a poder cumplir. Jugar al fútbol profesionalmente.

jueves, 14 de agosto de 2008

Yo fui testigo

El lune se producirá un hecho histórico: por primera vez desde febrero de 2004, en la lista del ranking del ATP, el nombre de Roger Federer no estará en el primer lugar. Se veía venir. Este año no ganó casi nada, y por si fuera poco, ya fue eliminado de los JJOO.
Sin embargo, este fenómeno volverá, lo sé y lo quiero creer. Nunca vi a alguien que juegue así. Hasta el propio Sampras perdió alguna vez en Wimbledon y en su reinado en la ATP, pero volvió y es, hasta ahora, el mejor de toda la historia. Y Roger no va a descansar hasta quedar en las páginas de la historia como el mejor de todos.
El lunes, Rafael Nadal, un excelente jugador, podrá decir que fue alguna vez Nº 1. Pero Roger va a volver algún día. Tal vez no ahora, no el año que viene, pero volverá. Y podremos decir que fuimos testigos de la Era Federer.
Ahora somos testigos de la Era Phelps. Este verdadero Aquaman, va ganando 6 medallas de oros, todas con records olímpicos, que sumadas a las 5 que ganó en Atenas, lo convierten en el máximo medallista de la historia de los Juegos Olímpicos. Señores, de pie, porque somos testigos de cómo se escribe la historia grande del deporte.

miércoles, 13 de agosto de 2008

La PlayStation, esa cuenta pendiente.

Nunca tuve una PS, tampoco una Nintendo, no. No hacía falta ir tan lejos si tampoco tuve un Sega. Mi gran orgullo eran Family Game con forma de Sega. Mi primer computadora a color la tuve recién a los 9 años. Digamos que siempre fui un descolgado social en esos temas.
Durante el 2004 y 2005, mi misión como Jefe de Escuderos me obligaba a ir a la casa de los escuderos (chicos entre 9 y 12 años) para hacerme amigo de ellos, conocerlos, formarlos como cristianos, etc. El inconveniente pasaba en que por esos años yo iba a la Escuela a la tarde, por lo tanto era pocas las ocasiones que tenía de pasar tardes enteras con los escuderos. Siempre recién a las 8.30 podía ir a verlos, pero como todos sabemos, ya las 9 es una hora imprudente para ir a verlos a sus casas. Así que en esa media hora, con la bici iba a todos lados para hablarlos, aunque sea para preguntarles cómo estaban.
¿Y que tienen que ver mi vida como jefe con las consolas de videojuegos? Pues que a veces los escuderos me invitaban a jugar a la PS, ya sea un día que yo no tenía clases, un feriado, o para ir después de las actividades los sábados.
Recuerdo en estos momentos a dos escuderos con los que se armaban partidos grosos. Uno era con Hernán y el otro con Tato.
Yo soy de esos tipos que son viciosos por naturaleza: en un toque puedo aprender, aunque sea para dar un toque de lucha, la mayoría de los videojuegos. Como nunca había tenido PS, se me complicaba hacerle partido a los pibes, pero de vez en cuando algún golcito hacía. Después de varios meses, ya eran verdaderos clásicos. Los partidos eran más parejos con Hernán, pero debo reconocer que una vez me hizo un 6-0 humillante. El dilema se planteaba, en que como jefe, yo debía tratar de que los escuderos estén contentos. Pero la verdad que me dolía en el alma que me goleen de esa forma.
El año pasado hice un torneo con unos templarios en Palpalá, y con orgullo puedo decir que salí campeón. Desde ese día que no juego más al Winning Eleven. Gracias a las goleadas que me dieron Tato y Hernán, pude retirarme con gloria.
Pero nada de esto hubiera pasado, si en casa hubiera tenido una PS; pero si hubiera tenido una PS en casa, ahora, creanme, no estaría postiando sino viciando. Saludos
Lo recuerdo claramente. Yo estaba en 7º grado en la Escuela de Minas. Eran los últimos días de abril de ese 2000. Ese fue el primero de los 6 años que pasé ahí dentro; para la mayoría de mis compañeros, el interés de ir a la Escuela de Minas era su alto nivel educativo (bah, más que para mis compañeros, para sus padres), otros, que no eran pocos, fueron por el equipo de handball, algunos pocos ni sabían porque estaban allí, y los otros éramos quienes teníamos algún familiar en la red de la Universidad de Jujuy, o algún hermano mayor ya egresado. Yo ingresaba en el grupo de los familiares y hermanos. Mi hermano mayor había sido jugador de handball, fue presidente del centro de estudiantes y un tipo querido tanto por docentes como por compañeros. Y mi papá, además de ser profesor de la Universidad y de la Escuela, era el director de la Escuela de Minas.
Recuerdo que cuándo ingresé a mi ni me interesaba el handball. En ésa época yo jugaba en las inferiores de Gimnasia de Jujuy y además era un apasionado del básquet. Habían tres deportes para hacer en Educación Física: Voley, con el profesor Visuara, y Básquet y Handball con el profesor Vaquera. Nos llamaron a todos los varones para que elijamos uno de los deportes, y en segundo término, otro deporte por si en el primero ya no había lugar. Cuando llegó mi turno, recuerdo haberme parado y decir con voz fuerte y clara "¡Básquet y Voley!". Un par de veces, cuando estaba en la primaria nos habían hecho jugar handball y la verdad que no entendía el juego y yo me hacía el lesionado para no jugar.
Mis horarios, sobre todo durante mis primeros años eran complicados: los martes y jueves tenía educación física a las 3 de la tarde; los martes, miércoles y jueves tenía fútbol a las 4.30 en Alto Comedero, mientras que los miércoles y viernes también entrenaba fútbol (entrenamiento de arqueros) a las 2.30 en el Estadio de Gimnasia; a todo esto, hay que sumar que los lunes, miércoles y viernes, a las 18.00 tenía Inglés.
Ese día, según mis cálculos, un martes 25 de abril, yo salía de hacer educación física (donde, modestia aparte, era uno de los mejores haciendo básquet) y mi papá me comunicó que no podía llevarme a Alto Comedero para entrenar. Yo estaba bastante embolado porque ese año tenía que entrenar mucho para no perder el puesto (cosa que finalmente pasó durante el 2000). Saliendo del baño, se me acerca un tipo gordo, petiso y me dice "eh, Albesita, ¿como andás?" Era el instructor de handball del colegio. Me conocía básicamente por mi hermano, y por mi viejo. Yo estaba al pedo así que me acerqué, y mirando al gimnasio vi que muchos de mis compañeros de 7º estaban jugando handball. Me puse a charlar con el profesor y me preguntó por qué no me había presentado a las pruebas para el equipo de handball que se habían echo la 2º semana de clases. Para no decirle que no me interesaba el handball, le metí la excusa de que no podía porque esos horarios coincidían con mis entrenamientos de fútbol (el equipo de handball entrenaba de 4 a 5). Ese día le expliqué que no podía ir porque mi viejo no me podía llevar a Alto Comedero y rápido, me invitó a "unirme" a los entrenamientos, diciéndome que podía entrenar de 4 a 4.30 y que después me podía ir a fútbol, total como me llevaba mi viejo no iba a haber mucho drama. Le dije que iba a ver si podía, pero acepté la propuesta para entrenar ese día con mis compañeros.
Fue la primera vez que jugué handball. Y la verdad que a pesar de que me costó mucho, desde ese momento el juego que había evitado desde un principio, me terminó atrayendo. Esa tarde, por no ir a entrenar un deporte que amaba (y que todavía amo) terminé jugando un deporte que aborrecía y que ahora amo. Mi primer partido lo jugué un 13 de mayo, pero eso, es otra historia.

domingo, 10 de agosto de 2008

Barajar y dar de nuevo

Llegan momentos en la vida de toda persona, en el cual es preciso "barajar y dar de nuevo", o utilizando conceptos futbolísticos, parar la pelota, levantar la cabeza, pensar, analizar y seguir avanzando. Es decir, el momento en el que uno se plantea qué es lo que tiene, hacia donde está yendo, y hacia dónde quiere ir.
Yo estoy en uno de esos momentos. Pero lo peor es que no sé que quiero. Hoy prendí la radio y estaba Intoxicados, y el Piti diciendo "No tengo ganas de seguir pero tampoco tengo ganas de parar tendria que pensar que me esta pasando pero es que estoy cansado de pensar". Y creo que eso resume el momento de mi vida en el que me encuentro.

Empezar desde cero

Me embolé. Así que empiezo el blog otra vez.