miércoles, 13 de agosto de 2008

Lo recuerdo claramente. Yo estaba en 7º grado en la Escuela de Minas. Eran los últimos días de abril de ese 2000. Ese fue el primero de los 6 años que pasé ahí dentro; para la mayoría de mis compañeros, el interés de ir a la Escuela de Minas era su alto nivel educativo (bah, más que para mis compañeros, para sus padres), otros, que no eran pocos, fueron por el equipo de handball, algunos pocos ni sabían porque estaban allí, y los otros éramos quienes teníamos algún familiar en la red de la Universidad de Jujuy, o algún hermano mayor ya egresado. Yo ingresaba en el grupo de los familiares y hermanos. Mi hermano mayor había sido jugador de handball, fue presidente del centro de estudiantes y un tipo querido tanto por docentes como por compañeros. Y mi papá, además de ser profesor de la Universidad y de la Escuela, era el director de la Escuela de Minas.
Recuerdo que cuándo ingresé a mi ni me interesaba el handball. En ésa época yo jugaba en las inferiores de Gimnasia de Jujuy y además era un apasionado del básquet. Habían tres deportes para hacer en Educación Física: Voley, con el profesor Visuara, y Básquet y Handball con el profesor Vaquera. Nos llamaron a todos los varones para que elijamos uno de los deportes, y en segundo término, otro deporte por si en el primero ya no había lugar. Cuando llegó mi turno, recuerdo haberme parado y decir con voz fuerte y clara "¡Básquet y Voley!". Un par de veces, cuando estaba en la primaria nos habían hecho jugar handball y la verdad que no entendía el juego y yo me hacía el lesionado para no jugar.
Mis horarios, sobre todo durante mis primeros años eran complicados: los martes y jueves tenía educación física a las 3 de la tarde; los martes, miércoles y jueves tenía fútbol a las 4.30 en Alto Comedero, mientras que los miércoles y viernes también entrenaba fútbol (entrenamiento de arqueros) a las 2.30 en el Estadio de Gimnasia; a todo esto, hay que sumar que los lunes, miércoles y viernes, a las 18.00 tenía Inglés.
Ese día, según mis cálculos, un martes 25 de abril, yo salía de hacer educación física (donde, modestia aparte, era uno de los mejores haciendo básquet) y mi papá me comunicó que no podía llevarme a Alto Comedero para entrenar. Yo estaba bastante embolado porque ese año tenía que entrenar mucho para no perder el puesto (cosa que finalmente pasó durante el 2000). Saliendo del baño, se me acerca un tipo gordo, petiso y me dice "eh, Albesita, ¿como andás?" Era el instructor de handball del colegio. Me conocía básicamente por mi hermano, y por mi viejo. Yo estaba al pedo así que me acerqué, y mirando al gimnasio vi que muchos de mis compañeros de 7º estaban jugando handball. Me puse a charlar con el profesor y me preguntó por qué no me había presentado a las pruebas para el equipo de handball que se habían echo la 2º semana de clases. Para no decirle que no me interesaba el handball, le metí la excusa de que no podía porque esos horarios coincidían con mis entrenamientos de fútbol (el equipo de handball entrenaba de 4 a 5). Ese día le expliqué que no podía ir porque mi viejo no me podía llevar a Alto Comedero y rápido, me invitó a "unirme" a los entrenamientos, diciéndome que podía entrenar de 4 a 4.30 y que después me podía ir a fútbol, total como me llevaba mi viejo no iba a haber mucho drama. Le dije que iba a ver si podía, pero acepté la propuesta para entrenar ese día con mis compañeros.
Fue la primera vez que jugué handball. Y la verdad que a pesar de que me costó mucho, desde ese momento el juego que había evitado desde un principio, me terminó atrayendo. Esa tarde, por no ir a entrenar un deporte que amaba (y que todavía amo) terminé jugando un deporte que aborrecía y que ahora amo. Mi primer partido lo jugué un 13 de mayo, pero eso, es otra historia.

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