martes, 18 de noviembre de 2008

Hombre entre hombres

"Imaginaos a un hombre que proyecte una terrible empresa que parecerá loca incluso a las más orgullosas imaginaciones; un hombre que tenga en el corazón un secreto propósito de realizar tales acciones que alterarán la historia, la vida y el mundo, y que este hombre no pueda ni quiera todavía decir nada de lo que piensa hacer y hará, y los que están a su alrededor no comprenden nada de lo que prepara. Imaginaos, pues, el éxtasis y el dolor de este hombre. Solo, mudo, a rápidos pasos, con los ojos absortos, anda en medio de la multitud de los hombres y nadie lo mira con maravilla, nadie lo sigue, nadie se aparta o lo contempla con estupor. Por su aspecto es un hombre como todos los demás. Por sus vestidos, por su rostro, por las formas de su cuerpo, parece en todo semejante a ellos: ¡hombre entre hombres, y nada más! Va por las calles densas de pueblo y no lo señalan con el dedo; lo miran y no lo ven, y todo lo más algún ocioso sonríe a causa de sus cabellos no demasiado bien peinados y de su aire de sonámbulo. Pero imaginaos el alma de este hombre, de este hombre que pasa con su invisible secreto por entre estos hombres ciegos, que pasa por entre ellos taciturno y lleva dentro de sí aquello que puede cambiar toda su vida, su futuro y su suerte; que se confunde con ellos, que los roza con el brazo, que los golpea con su cuerpo, y que no quiere decir todavía la palabra, que no quiere realizar todavía el acto que hará que todos los ojos se dirijan hacia él, que hará que todas las voluntades se doblen bajo la suya, que iluminará a todos esos ciegos y dará nuevas palabras a todos esos tartamudos. El hombre sigue andando con sus rápidos pasos y sus enormes sueños, y ya se ve a sí mismo en el momento de la revelación y toda su obra está delante de él por divino espejismo. Experimenta ya la viril alegría de la creación; su gallardo corazón late a grandes golpes; sus ojos grises se dilatan como en los arrebatos de la carne.

Imaginad, pues, la alegría de este hombre del loco secreto. Imaginad la dureza de su placer mientras él pasa por entre la multitud indiferente o burlona que no sabe nada de él, que lo tiene por una parte cualquiera de sí misma, un átomo de su gran cuerpo, hombre entre los hombres y nada más. La multitud no sabe lo que se está preparando bajo la frente del hombre que pasa. Ve sus vestidos grises, su paso desigual, sus cabellos abundantes, su rostro descarnado, y no sabe distinguirlo de otros tantos semejantes a él. Sin embargo, llegará un tiempo en que muchos intentarán recordar cuándo y cómo lo vieron, e inventarán discursos y palabras que él no dijo nunca, que jurarán haber estado cerca de él y haber sido sus amigos durante el período de su oscuridad. Pero, por ahora, éste no es él , éste es un número, un elemento, una unidad, un ciudadano, un nombre, una ficha del registro civil. Todavía no ha llegado su día. Los hombres no saben ver más allá de sus ojos, y no piensan que dentro de aquel cuerpo casi corriente hay un pensamiento capaz de iniciar un nuevo capítulo de la historia del universo.

Se parece a un hombre que anduviera de noche y llevara bajo su capa una lámpara encendida que deslumbrará a los que la vean cuando la capa se abra. Es como un dios de incógnito que hará temblar al que primero le dirija la palabra.

Imaginaos, pues, a este hombre y sus pensamientos, ¡oh muchos para quienes hablo, oh muchos de innumerables cegueras! Y no os lo imaginéis como un sueño vano, como una fantasía de un instante. Imagináoslo como una cosa posible, como algo que podría ser verdad, como algo que acaso es verdad. Imagináoslo, pues ¡oh muchos de breves miradas!, como algo verdadero, real, presente, como algo que existe verdaderamente hoy, en esta hora, en este momento, cerca de vosotros, ¡en medio de vosotros! ¡Yo os digo que este hombre existe! ¡Os digo que este hombre existe y se prepara! ¡Os digo que este hombre anda por vuestras calles, entra en vuestras casas y mira a vuestras pupilas! Este hombre vela, piensa, se arma. Su día no ha llegado, pero llegará. Su boca sólo pronuncia las palabras habituales de los hombres, pero aquel día dirá otras palabras. Pasa humildemente entre vuestros cuerpos en movimiento, pero un día estará solo ante vosotros, y todos lo verán, y todos recordarán haberlo esperado en algún efímero momento de su miserable vida.
¡Guardaos de este hombre, oh, muchos! Su secreto lo corroe y lo hiere, pero él no se retuerce ni demuestra su dolor. Su sueño lo exalta, lo ensalza, lo beatifica, pero él no sonríe y no demuestra su alegría.

Hombre terrible, hombre que parece una tumba de esperanzas y es en cambio un fuego preparado para arrojar chispas e incendiar todas vuestras ciudades sucias e inseguras. Sabedlo distinguir en la multitud, corred detrás de él, apoderaos de él enseguida, y acaso consigáis apagar su lámpara con vuestros alientos, ahogar su llama con las cenizas de vuestros sueños muertos. Estad alerta, vigilad por todas partes. Acaso en este mismo instante está cerca de vosotros; acaso pase mañana por debajo de vuestra casa y vosotros, desde la ventana, lo sigáis con la mirada unos momentos; acaso es aquél que ayer se volvió para miraros, como sorprendidos por una reminiscencia.

Vosotros no sabéis por dónde vendrá. No sabéis cuáles serán sus nombres y su origen. Pensad en todas las antiguas revelaciones precedidas por el silencio y por la ignorancia universal; pensad en aquéllos que vieron a Cristo niño. ¿Cuántos de ellos habrán pensado que aquel niño daría al mundo un nuevo sentido y a los hombres una nueva palabra de vida? ¿Cuántos habrán adivinado que su rubia cabeza se doblaría sobre una cruz y que de su pálida boca saldrían las potentes palabras que harían mover a los enfermos y resurgir a los muertos? Pensad en todos aquéllos que hablaron en un determinado momento y se convirtieron en guías, en reveladores, en reformadores, y que nadie supo distinguir de los otros hasta que dijeron e hicieron lo que tenían que decir y hacer. Para todos los grandes y famosos, para todos los renovadores y creadores ha existido un tiempo en que fueron desconocidos y oscuros, en que parecieron semejantes a los demás, en que parecieron hombres y nada más. Nadie se preocupó entonces de su origen, nadie los miró maravillados, nadie procuró recordar sus primeras palabras y describir su aspecto, sus costumbres, su vida exterior. Y cuando, de repente, subieron por encima de todos vosotros, ¡oh, muchos de ojos velados!, os maravillasteis y os dolisteis en el fondo de vuestro corazón por no haber adivinado el prodigio que se preparaba. Y también hoy, os lo repito a todos, también hoy, sin duda, se prepara algún prodigio. Cada edad tiene que tener sus héroes y sus reveladores. Hoy espera, en medio de vosotros, no visto e insospechado, el héroe y el revelador de mañana. Es imposible que este hombre no exista ya. Vive en la sombra, su luz está todavía escondida, pero él es, él vive, él camina con rápidos pasos en medio de vosotros; semejante a vosotros, no ya hombre entre hombres, sino futuro pastor en medio de sus rebaños, futuro jefe en medio de sus ejércitos.

Yo quisiera hacer nacer en vosotros la sensación y la expectación de este dueño que vive nuestra vida, junto a nuestra vida, y que vosotros no conocéis ni sospecháis. Yo quisiera provocar en vosotros el estremecimiento de la improvisa llegada de este Uno. Buscadlo en vuestras muchedumbres, buscadlo sin tregua, y que nadie se os escape; que cada ojo os diga si tiene un secreto. Él existe y os mira: ¿no notáis el peso de su mirada sobre vuestra pequeña vida? Él existe y espera: ¿no notáis la opresión de una espera ya demasiado larga?

Helo aquí en mitad de vosotros, solo, mudo, con la mirada absorta... Se ha detenido un momento y os contempla. Pero he aquí que reanuda su rápido camino y ahora ya no es, en la multitud creciente, en la niebla que cae, sino un hombre entre hombres, una sombra entre sombras, una esperanza terrible entre mil cegueras."
Giovanni Papini

La verdad, que sueño con ser ese hombre que algún día deslumbre al mundo entero.

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