domingo, 9 de noviembre de 2008

Ironías de la vida

El texto a continuación, es extraído de La Redó!, y la verdad que es imperdible!
David Viñas admite que su primo Ñato lo llevaba a la cancha. En voz baja dice: “Consérveme el secreto, pero soy hincha de Boca Juniors y, para mí, Roberto Cherro era Dios”. Sin apartarse de su fascinación por la historia argentina y de algunos personajes que deambulan por ella, Viñas cita a Macedonio Fernández, quizá de manera apócrifa: “Entre el fútbol y las mujeres, prefiero las mujeres”. Confiesa, además, que era un muy buen wing izquierdo cuando jugaba al fútbol en el Liceo Militar, allá por 1945. Según Viñas, el puntero derecho de aquel juvenil equipo “era malísimo, casi un tronco total”´. El muchacho era callado y tranquilo, pero algún día llegaría a lo máximo que un político puede esperar. Se llamaba Raúl Alfonsín y era de Chascomús. Pero en realidad, los problemas de aquel conjunto empezaban bajo los tres palos. Un tipo nervioso y que no festejaba con júbilo la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, era el encargado de evitar que los delanteros rivales les “llenaran la canasta”. El futuro le depararía una canasta llena de goles (casi todos en contra) y un nuevo desengaño para con los Estados Unidos, que seguían ganando batallas aun cuando la guerra había terminado hace rato. Se trataba, ni más ni menos, que de Leopoldo Fortunato Galtieri. Un pésimo arquero. En la defensa no había dificultades cuando el partido venía fácil; en cuanto los contrarios pasaban la mitad de la cancha y querían atacar, el back central gritaba que los iba a agarrar “a la salida” y enseguida pedían el cambio. El joven en cuestión no era otro que Roberto Eduardo Viola, un futuro general de la Nación. En el medio del campo, estaba todo más o menos resuelto: el “cinco” era uno de esos jugadores que se tragan la cancha y que hasta son capaces de comerse a un adversario con tal de ganar el partido. Se llamaba Albano Harguindeguy, llegaría a general y a ministro del Interior de un país del que casi nadie quiere acordarse. Pero al fútbol se juega con árbitros, y con éste estaba todo bien: si él dirigía el partido, el equipo del Liceo Militar nunca perdía. Dicen que al tipo le gustaba mandar, pero que no sabía jugar. Era flaco, narigón y capaz de realizar los peores delitos que un hombre puede cometer. Se trataba de Jorge Rafael Videla. Un grito futbolero lo acompañaría durante gran parte del resto de su vida: “Videla, compadre…” Paradojas del destino. Viñas jugaba al fútbol con los dictadores del futuro y con el presidente democrático que le permitiría retornar al país luego de los años de plomo.

Es increíble que en la década del '40, Alfonsín, Galtieri, Viola, Videla hayan compartido una cancha de fútbol, que hayan tirado para un mismo lado, que se hayan alegrado por conseguir victorias juntos; más sobre todo si se tiene en cuenta la vida de ellos, los caminos que eligieron. Y se acentúa sabiendo que Alfonsín los mandó a todos a la cárcel con los juicios a las juntas militares. Las cosas que hace el fútbol... Un grande Raúl Ricardo.

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